Encontre.

By Obert Neciv

No podem obviar la trascendència de l’encontre que Eladio Linacero i el Professor B. Rieux varen tindre dies enrere. La qualitat literària d’aquest comentari (un lector me l’ha comparat amb els escrits d’Antonio Tabucchi) fa necessària la seva reproducció i consideració al seu autor, l’egregi Eladio Linacero.

He perseguido al profesor Rieux durante semanas con el vano propósito de arrancarle una opinión sobre los últimos acontecimientos vividos en el Iabmoll. Todo ha sido inútil. Está sumido en un silencio insondable. Un día, tras reprocharle su mutismo, le pregunté cómo le iban las cosas por el IES, y me contestó que «más o menos como a una bacteria sumergida en un caldo saturado de fenol», y se encerró de nuevo en su concha. Hace poco lo encontré más taciturno que de costumbre, y tras insistir, conseguí sonsacarle que estaba profundamente entristecido por la muerte de Castilla del Pino. Lo invité a cenar y para mi sorpresa aceptó.

Rieux habló durante buena parte de la velada del prestigioso psiquiatra. Mientras masticábamos unas aceitunas partidas especialmente amargas, me contó el caso de la mujer de un profesor del Iabmoll, funcionaria en Sagunto, víctima de un mobbing, que fue tratada por Castilla del Pino. La mujer, una trabajadora infatigable, ganó el caso en los tribunales pero el daño fue irreparable: tras años de sufrir lo indecible, no se recuperó y se le concedió una baja definitiva.

Después de zamparnos un opíparo menú anticrisis, mientras tratábamos de ingerir un café alquitranado, aproveché que en la conversación había surgido el Iabmoll para preguntarle por el “incidente” (así me referí a una noticia del periòdic.com que había suscitado abundantes comentarios por un castigo colectivo a los alumnos de primero de ESO). Para entonces habíamos trasegado demasiado vino y yo estaba algo aturdido. En mi descargo diré que había empezado la cena con agua mineral pero Rieux insinuó que las personas que solo beben agua no son de fiar porque al día siguiente se acuerdan de todo. Sobre el “incidente” afirmó que no tenía nada que añadir a las acertadas reflexiones de Neciv o de los padres que había leído en el blog. Convenía con ellos en que, aunque se quisiera disfrazar, se trataba de una medida injusta, desproporcionada y antipedagógica. Rieux dijo que la sanción respondía también al comprensible enfado del profesorado cuando sale de excursión con alumnos y las cosas no salen bien. Que probablemente la medida tenía que ver más con el alivio de la ansiedad ante nuevas salidas, que con la fechoría propiamente dicha.

Sin embargo, parece que lo que más le sorprendió a Rieux fue que, una vez descargado el enfado, la dirección no hubiera replanteado la medida al poco tiempo para restaurar un clima de concordia, un acercamiento a los estudiantes. «Esta medida», continuó Rieux ligeramente irritado, «causa resentimiento en alumnos y padres, porque es y se percibe como injusta e indiscriminada. Y lo que es peor, con estudiantes de primero recién llegados: ¿Cómo van a sentirse a gusto en un instituto que les inspira resentimiento? ¿Qué confianza y respeto le van a dispensar a la dirección? ¿Qué alumnos querrán imitar o identificarse con quienes les han defraudado, por muy admirables que sean estas personas en otros aspectos?».

Rieux, cada vez más vehemente, deploró la inflexibilidad de la dirección y apeló a la necesidad de volver a Spinoza y su concepto de «fortaleza» como combinación de «firmeza y generosidad». Agregó que Spinoza le brindó muchas ideas a Freud, y que este último, dijo Rieux casi gritando, era un desagradecido. Yo, a estas alturas, ya no lograba seguirle y asentía con disimulo, mientras cabeceaba como esos perritos que se ponían en la bandeja trasera del coche. Rieux, enardecido, rugió que Freud era, además de un ingrato, demasiado contradictorio, como había denunciado Castilla del Pino. Y entonces enmudeció de repente, se sosegó y guardó un silencio espeso.

Salimos a la calle. Mientras paseábamos por las oscuras callejuelas de la Vila, Rieux, lento como un Papa, masculló algo confuso sobre homenajear personalmente a Castilla del Pino, coger el coche hasta Córdoba, continuar hasta el río Guadajoz, apearse en Castro del Río (donde estuvo preso Cervantes), buscar la casa del olivo y allí, «en ese santuario de la reflexión», farfulló no se qué de postrarse y caer en trance… Después desapareció entre las sombras y me pareció distinguir una silueta que se escabullía en un garito cercano al río Anna.

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Una resposta cap a “Encontre.”

  1. Un lector fiel Diu:

    Estimado Obert Neciv:

    tan sólo quería transmitirle mi más profundo agradecimiento por haber rescatado el excelente comentario de ELADIO LINACERO sobre su velada con el profesor RIEUX y pasarlo a la entrada “ENCONTRE”.
    Así, muchos más fieles seguidores de este foro habrán podido disfrutar de este delicioso relato.

    Por parte de Eladio Linacero, es un gesto de gran generosidad hacernos partícipes del privilegio de compartir una velada con ese gran SABIO, que es el profesor RIEUX.

    Salud!

    Un lector fiel.

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